miércoles, 10 de febrero de 2016

120 Nucaban: Fortines y Bunkers por Quijorna

Mapa de la ruta



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Comentario



Es un día del mes de febrero invernal que, como decimos coloquialmente, “ni chicha ni limoná”. Las nueves estaban altas, no hacía demasiado frío, la visibilidad era considerable, el viento escaso.
Pero los componentes del grupo de la nueva caballería andante, se han dado cita en la calle Virgen del Pilar, en la puerta del restaurante Los Chopos, del madrileño pueblo de Quijorna, para hacer una caminata que desde el principio suponíamos diferente, porque nunca hemos pisado este municipio y acudimos en gran tropel llamados por el caballero Frank que hoy nos capitaneaba.
Tenemos la dicha de contar con la presencia de nuestro capi que ya, repuesto de sus dolencias, se ha incorporado de nuevo, aunque no podemos olvidar a quien por otras circunstancias no ha podido acompañarnos.
Empezamos con la alegría de siempre, en una fuente al lado del puente del Pilar, que nos permite cruzar el arroyo Quijorna. Rápidamente giramos a nuestra derecha para tomar la Cañada Real Segoviana que discurre paralela al arroyo que en el casco urbano está limpio de maleza, pero nada más pasar la última casa, se convierte en una auténtica selva de zarzas, árboles y arbustos. Nos preguntamos qué pinta todo esto en el lecho del arroyo y las consecuencias que puede tener por una crecida brusca, provocada por una lluvia torrencial.
Avanzamos por la Vega de la Viñas y al llegar al primer cruce de caminos seguimos por la izquierda en paralelo al arroyo de la Fuente Villanos.
Nos causa agradable sorpresa encontrarnos con hornos de cal, alguno en muy buen estado de conservación, donde salía el caolín para hacer las vajillas de porcelana, en otro tiempo muy apreciadas. Hacemos votos porque la Comunidad de Madrid o quien corresponda, se tome un poquito en serio los muchos lugares y restos antiguos y promocionar el turismo fuera de la Capital.
Es la primera de las sorpresas agradables que nos ha preparado el caballero que hoy está al mando.
Un poco más arriba vemos algo que se parece a un antiguo nido de ametralladoras. Nos acercamos, y lo es. En todos estos lugares se libró una de las batallas más terribles de la Guerra Civil; la Batalla de Brunete.
Continuamos por la trinchera y llegamos a lo que suponemos fue un puesto de mando o lugar de descanso de los combatientes, con un túnel con entrada y salida, que creemos sería un refugio antiaéreo. En cualquier caso, nuestro corazón está triste al suponer de tanta muerte gratuita que traen las barbaries humanas.
La Cañada Real Segoviana hemos dejado que vaya por la cuesta de los Villanos y la Cuesta del Velago. Nosotros continuamos en paralelo al arroyo, por las Rentas.
A medida que avanzamos, las vistas nos sorprenden cada vez más. La suavidad de la subida se presta a la conversación y los caballeros van dispersos en pequeños grupos, hasta que el jefe de la expedición nos reúne a todos y nos dice que debemos dejar el camino y tomar a nuestra derecha. Las protestas son generalizadas pero somos disciplinados y obedecemos, aunque a punto está de saltar el motín.
Pero “el jefe”, muy listo, se limita a llevarnos hasta la entrada de una cueva. Nos quedamos de piedra al ver la perfecta excavación. Aún se ven los “picotazos”, en los techos y las paredes. Es increíble que después de más de setenta años no se ha derribado ni un solo pasillo. Es un acuartelamiento subterráneo hecho a pico y pala por el Ejercito Republicano. ¡Una maravilla! Son muchos metros de galerías con distintos habitáculos muy bien distribuidos.
La foto en la entrada de todo el grupo, la cara de satisfacción de todos los caballeros da buena fe del acierto de llevarnos hasta el lugar.
No paramos más de lo necesario porque aún nos queda coronar hasta el Madroñal y la subida es escarpada hasta alcanzar casi los 800 metros.
Una vez en la cima, giramos a la izquierda y durante un trecho vamos de nuevo por la Cañada que abandonaremos casi de inmediato para llegar a una cancela cerrada con un cerrojo.
Vemos carteles de propiedad privada y de reses bravas. ¡Algunos se montan unas tretas de lo más peregrino! Nada de nada.
Llegamos a unas ruinas y un vértice geodésico que hace las delicias de los caballeros que se encaraman en su cima. El viento arrecia y las nubes vuelan sobre nuestras cabezas a gran velocidad.
Sin hacer caso de cartelitos, iniciamos la bajada por el Camino de los Llanos, dejando a nuestra izquierda una caseta de cazadores.
Enlazamos con la calle del Olivar y entre viviendas, unas ocupadas y otras en venta, llegamos al punto de partida y de llegada.
Reponemos fuerzas en el Restaurante Los Chopos, cuya excelente comida nos fue servida por dos camareros que rebosan simpatía y buen humor: Javier y Alberto. Gracias campeones.
Ruta muy interesante, no sólo por los distintos lugares que hemos visitado, sino por las vistas que nos va ofreciendo a medida que avanza el camino. No es muy larga y la pueden hacer incluso niños. Recomendable en cualquier época del año.




Época recomendada: Primavera, Otoño, Invierno.



Transporte: Se llega hasta el inicio de la ruta en el autobús 581, que sale desde el intercambiador de Príncipe Pío. Tiene un precio de 4.20€.


Galería de fotos








Vídeo de la ruta








Caballeros participantes: Antonio, Tomás, Miguel, Fermín, Frank, Amador, Manuel, Carmelo, Roman.


Nivel de dificultad: Fácil

Distancia: 13,8 km
Tiempo total:  5h 02'
Tiempo en movimiento:  3h 48'
Tiempo parado:  1h 14'
Velocidad media total:  2,74 km/h
Velocidad media en movimiento:  3,63 km/h
Ritmo medio total por km:  21:59 min/km
Ritmo medio en movimiento por km:  14:44 min/km
Indice IBP Index:  42





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